“URBI ET ORBI”: LA INÉDITA INDULGENCIA DEL PAPA A TODOS LOS ENFERMOS CON CORONAVIRUS

Roma – Sin antecedentes en el actual milenio, el máximo jerarca de la iglesia católica apostólica romana Papa Francisco elevó su suplica al Señor y pidió confiar en Él, y responder a su llamada a “convertirnos”. También pidió seguir el ejemplo de las personas que han sido olvidadas, que están en el timón de la barca en estos momentos de crisis sanitaria por la pandemia mundial.

Este viernes, El papa Francisco impartió en soledad una histórica bendición “Urbi et Orbi”, desde una plaza de San Pedro del Vaticano totalmente vacía como consecuencia de la emergencia del coronavirus, que ha causado en Italia más de 9 mil decesos.

En la consagración “Urbi et Orbi” de por si inédita, solo lo acompañaron en  la bendición el icono bizantino de la Virgen y el Niño (Salus Popoli Romani) y el Crucifijo Milagroso de la Iglesia de San Marcello de la vía del Corso quien recorrería Roma en 1.522, y a quien se le atribuye la sanación de la gran peste, que dejó miles de muertes en el mundo antiguo.

¿Por qué tenéis miedo?, ¿Aún no tienes fe?, esta fue una de las frases que dijo el Papa Francisco en esta jornada extraordinaria de oración en la que el santo padre otorgó indulgencias a todos los enfermos con coronavirus, a sus familiares, a quienes les cuidan y a todo el que reza “para pedir el cese de esta pandemia, el alivio de los que sufren y la salvación eterna de los fallecidos”.

El santo padre también envió un mensaje de no sembrar pánico, sino corresponsabilidad. También resaltó que en la tempestad se cayó el maquillaje de los prototipos y egos. Y finalizó invitando a la unión y a resguardarse en familia.

El sumo pontífice aprovechó el momento para enviar un saludo y motivar a los héroes que están en clínicas y hospitales velando por la salud de los enfermos. “Es hora de empezar de nuevo” fue el mensaje final del representante de Dios en la tierra.

Sobre la bendición “Urbi et Orbi”, únicamente se imparte en dos ocasiones al año el 25 de diciembre por Navidad y en Pascua, y cuando el papa es elegido sucesor de Pedro. La última ocasión inusual fue en 1942, cuando Pío XII lo hizo con motivo de su Jubileo episcopal y del XXV aniversario de las apariciones de la virgen de Fátima.

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