EN GRAVE CRISIS SALONES DE BELLEZA Y ESTÉTICAS EN MÉXICO

MÉXICO – Los salones de belleza han sido catalogados por diversos gobiernos como uno de los sitios de mayor contagio por la cercanía entre el estilista y los clientes y esto ha golpeado por mucho al negocio, independientemente de que la gente no quiere salir y de todas las medidas necesarias que se exigen las autoridades.

Que los clientes deben usar todo el tiempo cubrebocas y no pueden permanecer más de una hora en el salón; que no se puede ofrecer bebidas, alimentos ni revistas para que los clientes se entretengan y que se deben usar barreras físicas (cristales o plásticos) entre quien es atendido y el servidor y que se deben desinfectar todos los instrumentos de trabajo después de cada trabajo.

La industria de la belleza trata de adaptarse, aunque de antemano se sabe que muchas de las 200,000 empresas legalmente establecidas en México no resistirán.

La Cámara Mexicana de la Industria del Embellecimiento Físico (Camief) calcula que, a final de la pandemia, podría cerrar al menos el 35% de esos negocios con un impacto proporcional entre el medio millón de empleados. Jalisco, Estado de México y la capital mexicana —que concentran el 30% de las empresas— serían los más golpeados.

Según Rocío de Muriedas, directora de Camief, los ahorros fueron lo primero que se agotó entre los trabajadores de la belleza y más aún si son empresarios que emplean a otros porque han tenido que sostener sueldos y prestaciones sociales.

Los datos de la organización revelan que por cada salón de belleza se generan en promedio tres empleos, por lo que, tan solo en la capital del país, durante el confinamiento se han visto afectados los ingresos de casi 60,000 personas; 80% de ellas, mujeres.

En medio de la competencia de la pandemia, los negocios formales tienen un rival duro que les arrebata la escasa clientela porque en México operan alrededor de 200 mil establecimientos de belleza de manera informal.

Según el análisis de la Universidad Anahuac estos establecimientos no pagan impuestos, no tienen inscritos a sus empleados en el seguro social y generalmente sólo aceptan pagos en efectivo. La mayoría de estos salones están en zonas populares y barrios, donde sus dueños acondicionan cocheras, locales sin uso de suelo e incluso los cuartos de sus casas para laborar.

Otros trabajan en tianguis. Una gran cantidad de salones de este tipo mantuvieron sus actividades de manera normal durante la crisis sanitaria mientras el resto de estéticas formales lidian con reglas.

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