MÉXICO Y BRASIL; EL DERRUMBE DEL LIDERAZGO FRENTE AL CORONAVIRUS

LATAN – Si la epidemia de coronavirus termina afectando fuertemente a América Latina, como parece estarlo haciendo, dos de los líderes políticos de la región tendrán una gran responsabilidad. Los presidentes Jair Bolsonaro, de Brasil, y Andrés Manuel López Obrador, de México, gobiernan los países más poblados de la región, con más de 325 millones de personas entre ambos. Sin embargo, han minimizado el riesgo del coronavirus COVID-19 y se han resistido, o incluso se han burlado de las medidas para evitar su propagación.

Bolsonaro asistió a una manifestación el domingo 15, a pesar de que su propio Ministerio de Salud le recomendó aislarse porque ha tenido contacto cercano con funcionarios infectados. En una conferencia de prensa el miércoles 18, se pronunció contra “la histeria” y dijo que nadie debería sorprenderse si lo ven viajando en un metro lleno de gente en Sao Paulo o en un ferry en Río de Janeiro. Este fin de semana está planeando una celebración de dos días por su cumpleaños número 65.

No importa que el recuento de casos del COVID-19 en Brasil haya aumentado a 621 casos confirmados el jueves 19, entre ellos el presidente del Senado, el asesor de seguridad nacional y otros altos funcionarios. Gracias a Bolsonaro, el gobierno federal ha tomado pocas medidas preventivas y dejado abiertas las fronteras, escuelas y empresas. Aunque algunos gobernadores estatales han dado un paso al frente e impuesto cierres, Brasil sigue abierto a la pandemia. No es de extrañar que cientos de miles de personas en Río de Janeiro y Sao Paulo golpearon ollas y sartenes desde sus hogares el martes 17 y miércoles 18 en protesta.

López Obrador, un populista como su homólogo brasileño, ha estado casi igual de despreocupado ante la creciente amenaza. Hasta ayer jueves 19 de marzo, México tenía 164 casos de COVID-19 reportados, pero el presidente todavía se resistía a las restricciones sobre viajes y actividad comercial. Hay “presiones de todo tipo: cerrar el aeropuerto, cerrar todo, paralizar la economía. No.”, dijo el miércoles 18. Mencionó que su prioridad era proteger “a toda la gente, los que trabajan, que viven de la actividad económica, de lo que consiguen diariamente”.

La preocupación por los trabajadores comunes es comprensible, especialmente en un país con una gran economía informal. Pero López Obrador —como Bolsonaro— ha sido arrogante en su respuesta ante el virus, rechazando la recomendación de su subsecretario de Salud de que se abstenga de dar abrazos y besos. “Hay que abrazarse”, dijo en una conferencia de prensa este mes. El fin de semana pasado, haciendo honor a su palabra, se sumergió en una multitud y besó repetidamente a una niña. Su gobierno sigue su ejemplo y el fin de semana pasado limitó algunos eventos deportivos y reuniones públicas, pero permitió que se desarrollara un gran festival de música en Ciudad de México.

Estas políticas laxas le dieron al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cierta justificación para su decisión esta semana de reducir el movimiento en la frontera entre Estados Unidos y México, incluidos los solicitantes de asilo. Pero Trump perdió la oportunidad de ejercer influencia sobre Bolsonaro cuando se le preguntó el jueves 19 sobre el enfoque despectivo que el brasileño ha dado a la epidemia. “No tengo ningún mensaje para él aparte de que está haciendo un buen trabajo en Brasil”, dijo Trump. En realidad, el desempeño de Bolsonaro ha sido extremadamente irresponsable, y pronto le puede costar muchas vidas a Brasil.

The Washington Post

error: ¡El contenido está bloqueado!