HOMICIDIO INDUSTRIAL: 30 MUERTOS POR COVID-19 EN PLANTA MANUFACTURERA EN MÉXICO

Los trabajadores de las plantas del fabricante estadounidense de autopartes Lear en Ciudad Juárez habían manifestado signos de la enfermedad tras la visita de empresarios alemanes de Mercedez Benz a fines de marzo. La empresa les negó asistencia y mantuvo abiertas las fábricas. Más de 30 obreros ya murieron por coronavirus. Un verdadero homicidio industrial.

No es algo nuevo. En las maquilas de Ciudad Juárez se han presentado abusos y “tragedias” que han llevado a la muerte de obreros y que, sin ningún problema, esos hechos pueden configurarse como homicidios industriales. Cómo olvidar cuando, hace unos años, las calderas de la fábrica de dulces Blueberry explotaron y mataron a un número aún indeterminado de obreros. Recordemos los casos en que obreros de Foxconn –y otras tantas maquilas– se han intoxicado o los de Lexmark que han enfermado de las vías respiratorias para luego, no pocos, morir a causa del tonner acumulado en sus pulmones.

Porque, a veces, en la maquila, la muerte es lenta, pero siempre tiene permiso; como en las fábricas de costura y arneses que consumen las articulaciones de hombros, muñecas, caderas o rodillas de los obreros por el ritmo acelerado y repetitivo de trabajo que siempre espera más productividad y, con ella, la salud de quienes generan la riqueza a cambio de un salario de hambre.

Obreros que, al paso de 10 años, enferman y, sin el menor empacho, los departamentos de “Recursos Humanos” los despiden en el mejor –y menos probable de los casos– conforme a la ley, pero donde la constante es el hostigamiento, la carrilla, los malos tratos y las amenazas para orillarlos a renunciar, a firmar su renuncia, en no pocos casos aprovechándose de la ignorancia de quien, por necesidad, únicamente ha aprendido a trabajar dignamente con sus manos.

La maquila Lear cuenta con 10 plantas tan sólo en Ciudad Juárez, con cerca de 30 mil obreros dedicados, principalmente, a la costura de asientos para automóviles y arneses. Fue en su planta Río Bravo donde, en marzo, los obreros empezaron a enfermar de Covid19. Los obreros coinciden en señalar que enfermaron a partir de una visita de una delegación patronal de ciudadanos alemanes al área donde se confeccionan los asientos de autos de lujo Mercedes Benz. Esto en plena pandemia europea. La visita se dio sin las mínimas medidas de seguridad, llegaron como “Juan por su casa”, sin mascarillas, sin guantes, como si no pasara nada.

Cuando los y las obreros empezaron a presentar síntomas identificados con el Covid19, acudieron a la enfermería de la planta y estos hicieron lo que, comúnmente, se hace en cualquier maquila fronteriza: les dijeron que no tenían nada, que era una pequeña alergia o una simple gripa. Si les dieron una pastilla para el malestar fue sólo para regresarlos a las líneas de producción, porque no es secreto que para eso están ahí, como parte del proyecto de productividad.

Los obreros reconocen que la empresa empezó a tomar medidas de higiene, otorgó gel antibacterial, pero sólo a su personal administrativo, de Recursos Humanos y Gerencia; también en enfermería instalaron un gel, mientras que un único obrero cargaba el suyo, era el representante sindical de la CTM en la planta, un sindicato subordinado a niveles grotescos a los intereses de la patronal y que, puntualmente, cobra sus cuotas a los obreros por nada. Al resto de los y las obreros nada de gel, ni cubrebocas, ni nada. La misma lógica de ir amontonados en camiones a la planta y a la entrada, con personal de la empresa tomando la temperatura a los primeros obreros para la foto y listo a pasar al resto a toda prisa, porque no hay tiempo que perder en la producción. Al representante sindical de Lear Río Bravo, no le alcanzó el gel antibacterial que su muy mezquino sindicato no fue para proporcionarle al resto de sus compañeros a falta la cobertura por parte de la planta. El Covid19 le pasó factura de manera fatal.

Las primeras tres muertes por Covid19 en la maquila Lear llegaron de un solo golpe, muchos presentaron los síntomas y no dejaron de trabajar. El sindicato burocratizado de la CTM, en voz de su enquistado líder Díaz Monárrez se llevó las palmas a la declaración más canalla y traidora a la clase trabajadora; dijo el sinvergüenza: “Primero fallecieron tres, luego otros dos, fue cuando pedí saber qué está pasando. ¿Pues qué está muy grave el contagio?”

La fábrica debía parar la producción, mínimamente, desde el primer contagio o antes, también establecer medidas de distanciamiento social, de higiene y protección, pero no lo hicieron ni con un muerto, ni con tres, ni con otros dos más. Fue hasta que los propios obreros se rebelaron contra la patronal que lograron ser enviados a sus casas. El sindicato que controla una burocracia enquistada durante décadas y que traiciona a los obreros fue parte de tamaña negligencia, por decir lo menos.

El ansia irracional de ganancias de la patronal de las maquilas, con respaldo de la burocracia sindical y de los gobiernos de los tres niveles de gobierno, optaron por mandar como carne de cañón a los y las obreros de la maquila.

El caso de Lear es uno de los más escandalosos con más de 30 obreros muertos o, mejor dicho, asesinados. En efecto estamos en presencia de un Homicidio Industrial, que se ha repetido en muchas fábricas a lo largo de la frontera.

La masacre minera en Pasta de Conchos en 2006 conmovió al país por la manera tan triste en que la sociedad cayó en cuenta de cómo se mandaba al matadero a los mineros de Grupo México. Comprendimos que no los mató la mina, no los mataron las toneladas de roca y tierra que se les vinieron encima, a los mineros los asesinaron las condiciones laborales precarias, la negligencia de la patronal, de una empresa que prioriza las ganancias sobre la vida de los trabajadores.

Habrá que decirlo fuerte y claro, los muertos por Covid19 en las fábricas de Ciudad Juárez, que de manera negligente no cerraron, que no vieron por la integridad de los obreros, a ellos no los mató el Covid19, sino la exposición a la enfermedad y esta infamia tiene responsables. Estamos en presencia de la plena configuración de un Homicidio Industrial e, incluso, por la repetición de este proceder en varias industrias puede hablarse de un genocidio industrial. A los más de 30 obreros de Lear, los 15 de Foxconn a los más de 10 de Regal, a los 7 en Electrolux, a los 10 en Electrocomponentes y de todas las maquilas que fueron obligados o coaccionados a trabajar en plena contingencia con la amenaza de ser despedidos o perder parte de su salario, a todos ellos los asesinó la negligencia de una avariciosa patronal.

Si bien la mayor parte de la maquila no acató el pusilánime decreto federal de suspensión de actividades de un gobierno, que no osó establecer ningún tipo de sanción para las empresas que no cumplieran, hoy, aquellas maquilas que pararon por razones de sobreproducción o por las manifestaciones de los obreros, esas maquilas, como Lear, se preparan para reanudar actividades este 1 de junio, en momentos donde los contagios se incrementan.

Las presiones del imperialismo norteamericano para reactivar la cadena de abastecimiento de la gran industria estadounidense han doblegado al gobierno mexicano. Los obreros se ven obligados a regresar tras tres o cuatro semanas con sus salarios recortados de manera ilegal por la patronal o reducidos con el aval de los dirigentes traidores de los sindicatos de la CROC y CTM, contraviniendo las propias disposiciones federales de que la patronal pague al 100 % los salarios durante la contingencia.

Para el personal de Lear el panorama es incierto: les aterra regresar y contagiarse de coronavirus, pero también les preocupa su situación económica, ya que no podrían sobrevivir con el recorte salarial con que fueron enviados a casa. Por otro lado, está el malestar de haber sido expuestos y despreciados por una empresa que no volteó a ver por su seguridad hasta que los obreros salieron a gritar “No queremos morir por el virus, mándenos a nuestra casa”.

Muerto el niño, a tapar el pozo

Ahora, los obreros de Lear, están siendo llamados para reincorporarse a la producción. El Homicidio Industrial (no señalado por el sindicato traidor en la representación de Díaz Monárrez, ni investigado por autoridad alguna) de más de 30 obreros parece que ha posibilitado ciertas consideraciones por parte de la patronal. No es para menos, el malestar es grande entre el sector de los obreros de la costura en la maquila, que recordemos han participado en esta frontera en las pocas, pero significativas y combativas huelgas de la historia de maquila, como la emblemática Acapulco Fashion en la década de los 80. El gigante de la costura y el arnés automotriz en esta frontera y en el país, está haciendo a finales de mayo lo que debió hacer desde finales de marzo. A cada obrero y obrera ahora sí se les entregan guantes, mascarilla, cubrecara, bata, termómetro personal, gen antibacterial, toallas húmedas y hasta jabón de baño. Ahora sus fábricas están siendo acondicionadas para guardar la sana distancia, el comedor dividido, la entrada y lugares de trabajo presentan modificaciones para salvaguardar a unos obreros que hambreados regresan en el momento de mayor contagio de la pandemia en el país.

Pero no nos confundamos, lo de Lear es la respuesta obligada ante lo escandaloso de su proceder al inicio y durante la pandemia. El grueso de los patrones de las maquilas sigue, impunemente, tratando al obrero como una mercancía más a quien busca abaratar a favor de sus ganancias.

Mientras tanto, habrá que denunciar el Homicidio Industrial más escandaloso de, por lo menos, la última década. Exijamos la reparación del daño y justa indemnización a las familias de los obreros asesinados por el ansia de lucro de la brutal burguesía. Los obreros de la maquila tienen la urgente tarea de recuperar sus sindicatos e impulsar la organización de su clase.

Las autoridades y las burocracias sindicales están más que alineadas a la patronal. Las palabras del Manifiesto Comunista siguen vigentes: “la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos”. Nadie vendrá a rescatar a nuestra clase, la fuerza la tienen los cientos de miles de trabajadores que hacen andar el mundo, nada se mueve sin el trabajo de nuestras manos.

La Izquierda Diario

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